martes, 4 de septiembre de 2018

Bye bye Barcelona

Era mi último día completo en Barcelona y, además de no haber visitado cosas tan típicas como el parque Güell o el Montjuic, no había ni pasado por la catedral o por el edificio del Palacio de la música o museo de la música. La naturaleza ya había sido descartada de los planes porque ya me había enojado con mi sábado frustrado y porque a quién engaño con mi amor por la naturaleza. "Es un parque de todos modos" me había dicho mámele y re sonaba en mis oídos así que ya sabemos de dónde heredé ese "espíritu salvaje".
Quiero pensar que volveré a Barcelona y visitaré todo eso pendiente.
Cuando vi que aunque el día estaba agradable (caluroso siempre) pero una gran nube negra parecía aproximarse, aunque era mediodía y mi última experiencia casualmente este año, en la playa a esa hora No fue lo mejor, recordé mi protector solar y ahí fui. Estoy de vacaciones, carajo, mierda. Luche bastante conmigo misma que siempre pienso es una pérdida de tiempo estar tirada en la playa estando en Europa, pero a está altura estoy cansada... de caminar y caminar, de transpirar, de tardar en llegar a destino... tengo hasta cansada la vista! Tengo los ojos rojos como si estuviese borracha o drogada.
Listo, ganó la bacanería: voy a aprovechar el poco sol y la playa que quién sabe cuándo yo voy a volver a una playa! No digo en Europa... a una playa Argenta!

Traté de no caminar al cohete pero aunque estoy más ubicada en la ciudad, la parte de la Barceloneta me marea. Esas "salientes" de tierra, ese hotel W o lo que corno sea...
Con la lengua afuera y absolutamente transpirada llegué a la arena y está vez... a una playa que no se parecía a la Bristol! Yeah! Menos gente, gente más agradable, un barcito parecido al otro pero barcito al fin... Ahí me quedé entonces. Al fin tenía ambas partes de la malla y no la genialidad de los otros días de sólo llevar la parte de arriba. Ahí estaba el mundo multicultural de una capital turística. Ahí estaban las mujeres en retas y ese ridículo (porque era él solo) absolutamente en pelotas. Bastante desagradable debo decir, él y encima él en bolas. El topless era más común. Lo hacían viejas re viejas, maduras y jóvenes.
Vuelta y vuelta me asé bajo el sol de la Barceloneta. Con protector. Otra vez los hindúes o turcos vendiendo "agua, bierr, col bierr, voter" (lo último sería cerveza, cerveza fría y agua, en inglés). La negra que ofrecía hacer trencitas y las pesadísimas chinas preguntando constantemente "¿masaje guapa, masaje?". "Mojitooo" repetía otro que también vendía cocos. Todos estos personajes siempre con un ojo en el más allá para no ser captados por la cana... o por algún encargado que no paraba de decirles a los vendedores una y otra vez que NO podían vender bebidas ahí.
Cuando me terminé de calcinar a pesar de la nube negra, me fui a tomar un "bacio di fragola" (licuado de frutilla) al barcito y buscando al cohete por algo liviano, chiquito y que me guste... opté por papas fritas, que resulta que acá se llaman "papas bravas". Acá estaba el origen de ese artilugio platense: papas Antares, papas pendorcho. Papas en rodajas en una mezcla de al horno y fritas y dos potecitos con salsa. Una blanca, muy rica, supongo tipo provenzal o con ajo y otra roja que ni probé porque las salsas rojas no me gustan.
Volví un rato más a tirarme cual
Morsa a la playa y cuando ya no daba para más porque no podía seguir perdiendo tiempo así, me fui. Me fui al hotel a bañarme porque me sentía un asco. Volver al hotel implicaba quichicientas cuadras más.

Bañada y aireada, volví a salir para conocer la catedral por ejemplo. O sus alrededores de fragmentos de ruinas del imperio romano, pasando por el Palacio de la música, edificio sumamente extraño, modernista como tantas cosas acá.
Lamentablemente la catedral estaba cerrando y cuando estaba en mitad del recorrido, prácticamente nos sacaron a patadas. Al menos por suerte antes me había topado con un gentil hombre que me vio cara de turista y me dijo mientras pasaba: "vamos, que ya estoy por cerrar la visita a la terraza".
Qué genial! Entre las ruinas, la catedral y ahora está vista hermosa de Barcelona, los catalanes me empezaron a ganar. Tarde, pero me empezaron a gustar más.
Disfruté un poco el atardecer y algo de la noche que siempre sigue vive acá, en esta zona al menos, tan llena de turistas, colmada.
Mañana ya vuelvo a Madrid y tengo ganas de volver. Yo soy urbana y de ciudades antiguas, si distancias un poco más cortas o todo concentrado en un lugar. Quedó bastante para ver en Madrid y a Barcelona, sé que voy a volver.




































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