lunes, 10 de septiembre de 2018

Por ti, Madrid

Último día completo en Europa. Siempre tengo la seguridad que voy a volver a pisar su suelo, pero la verdad es que las novedades de la movilidad cambiaria de mi adorado e imprevisible país, me hace dudar de cuánto tiempo pasará esta vez. Pero no puedo quejarme, estoy acá ahora y estuve el año pasado también. Una diva!

Bien, el plan era hacer todo lo que quedaba del lado más cercano de mi hotel... Y eso era bastante y muy interesante para mí. Tenía la Plaza España ahí nomas, el templo de Debod, los jardines, el Palacio Real, la catedral de la Almudena Y otra... mucho. Y por supuesto también tenía que darme mi merecido lujo de hacer shopping finalmente sabiendo que ya no quedan gastos grandes en euros.

El clima en estos últimos días en Madrid, poco tienen que ver con el agobio de los primeros. Ahora es muy agradable caminar, cada tanto buscando la sombra pero sin transpirar cada segundo. Corre aire y aunque sigue habiendo mucha gente, ya no da esa sensación de "achicharramiento". Pude incluso animarme a los pantalones porque  con eso que salgo a la mañana y vuelvo de noche, ayer con la pollerita a eso de las 7 ya me estaba dando frío.

Me aseguré de conocer el camino y me fui hacia el templo de Debod, una construcción egipcia que le regaló dicho país a España. Ya la chica dueña del "apartamento" que alquilé los primeros días me había recomendado visitarlo. Había leído que es una hermosa visita ya que por dentro sentís estar en Egipto.
Pasé por Plaza España pero ni la crucé porque vi que era eso: una plaza. Una plaza como las nuestras y no las de ellos que son espacios de cemento rodeados de construcciones. No tenía tiempo.
Me acordaba que por ese camino había llegado con el taxi desde la terminal de Atocha. Una carretera importante y con mucho tráfico como la entrada a CABA desde la autopista.
Pero como Madrid es Europa, había escaleritas como continuación de las veredas y por ahí subí. Subí y subí. No sabía que iba a tener que subir tanto. Quedaba mucho. Eso no estaba marcado en el mapa. Pero bueno, al menos hoy ya tenía zapatillas para cubrir mis mil y un ampollas y una hidratante por las dudas comenzaran a picar los nuevos granos producto de la alergia o los nervios a... ¿estar de vacaciones? ... soy tan especial!

Así como quien no quiere la cosa, me vi de repente frente a las puertas del Jardín Sabatini. Uno de los jardines del Palacio Real. Creo que así entendí un poco más el mapa y cómo toda esa zona a conocer estaba unida allá... arriba.
La sorpresa muchas veces agrada y esta vez así fue. Bello jardín. Ideal para uno de mis descansos de dos minutos porque ya saben... Ya es mucho para mí.
Subiendo, bajando y cruzando me fui directo a ese "monte" que prometía al templo. Escaleras y escaleras en la escalada que no había pensado serían tantas y al no estar bien señalizadas, no sabía a dónde me dirigían.
Pasé por un mirador hermoso, donde se veía Madrid desde las alturas. El Madrid desde ese lado. Cúpulas de iglesias, "montañas" con verde... Y un hombre tocando un violín moderno y extraño que musicalizaba la hermosa vista.
El templo de Debod no estaba ya tan lejos. Qué extraña construcción para España! Qué ganas de entrar!! Qué... cerrado que estaba!! Fuck  ! Con lo que costó y tardé en llegar! Gajes de viajar a Europa: algo de lo que querés conocer va a estar en restauración. Es así. Así me pasó con varias salas o pisos de los museos que conocí en este viaje. Y así me pasó con el bendito templo de Debod.
Ya está. Tampoco me deprimió tanto. Miré el mapa y la hora sentada frente al templo cerrado y ya no sabía si llegaba a los horarios de apertura de las catedrales. (Ya dije que eso en Italia no pasa... Pero bueh, acá la casa del señor tiene horarios de visita).

Tenía visto en el mapa que no estaba lejos del centro comercial Príncipe Pío. Estaba muy cerca... supuestamente.
Sabía que tenía que bajar de la "montaña" donde estaba, pero no tuve en cuenta que estaba cerca del shopping pero separada por una importante estación/ terminal de tren. A la noche mirando otra vez el mapa, me Di cuenta que estaba más cerca de llegar si doblaba hacia un lado... totalmente diferente al que yo tomé.
Bajé bien y caminé, caminé... derecho, derecho. No había forma de doblar y ese era mi problema. Traté de encontrar una calle importante o al menos con gente y no ... indigentes como los que cruzaba en el camino. Durmiendo o bebiendo en los bancos, pidiendo limosna. Ya estaba entrando en todos los calores posibles. El sol ya me picaba además de alguno de los nuevos granos que había traído de Barcelona... No sé cuántas cuadras hice pero fueron miles y muchas interminables. Por suerte el localizador del celular funcionaba aunque no tuviese Internet así que entendía que aún estaba caminando por Madrid (un Madrid que ningún turista conoce) y sabía que aún estaba en España.
Al fin di con una calle para salir de la encrucijada y creo casi lloro de la emoción como cuando volví a ver una pava eléctrica y pude hacerme unos mates.
Se podría decir que recorrí todo lo largo de aquella estación de trenes, sus vías, sus kilómetros. Ni agua quedaba en mi botellita. Pero llegué después de muchas vueltas y calles anchas pero de ese otro Madrid más propio de los madrileños posta. Y finalmente encontré el gran centro comercial y allí fui en busca de aire acondicionado, agua y baño.
Pasé unas cuantas horas, ya recuperada, entre h&m, zara Y otras casas de ropa. Me topé con una venezolana que casi me engancha para comprar unas cremas con sales del mar muerto, con las cuales incluso me hizo una demostración poniéndome en una mano y realmente era muy placentera... pero por suerte soy Argenta y sé oler la trampa y sobre todo sé que mis euros esta vez cotizaban casi 50 pesos y de alguna forma zafé de la ya densa vendedora.
Almorcé barato con sándwich de súper y después de otras volteretas, intenté volver al hotel sin caminar tan al cohete como antes.
Ya era tarde para mis iglesias importantes, no quería otra desilusión de puertas cerradas o que me sacaran a las patadas como en la de Barcelona. Ya no más. Era mi último día, debía ser feliz y conseguir algunos regalos más para padres que tanto cooperaron con el viaje (incluso cuidando a mis bebitas) y también me debía regalos materiales a mí: de cumpleaños, Navidad, Reyes, día del niño, día de la abuela...
Llegué al hotel, relajé con un baño y volví a salir por ese Madrid que tanto me había gustado y al que sabía, sé, voy a volver... aunque más no sea a ver todo eso a lo que no llegué.
Ya se iban mis vacaciones bacanas, así de repente y con movidas cambiarlas insospechadas y no tan bien recibidas en el mientras tanto. (Qué suerte que quién sabe por qué, sé ahorrar, sé el valor de las cosas y sé que no puedo gastar hasta estar más a salvo... aunque ni yo pueda creer el repentismo de este viaje).
Me quedaban los nervios del día siguiente con el vuelo de vuelta... nervios un tanto más latentes cuando la adoraaable recepcionista del hotel me dijo esta mañana que no pedían taxis porque por los arreglos de la calle no estaban parando... o sea, iba a tener que caminar! Sola con mis valijotas! Bueh... mañana será otro día.
Jardines de Sabatini, creados en 1930 en una de las fachadas del emplazamiento donde se encuentra el Palacio Real

una de las vista del Palacio Real desde los jardines de Sabatini (que es el nombre de su diseñador)


todos quedaríamos ridículos si nos sacaran una foto mientras posamos para una foto. La china, no podía ser menos... ni más ridícula. 

parada estratégica en banco del jardín



subiendo por el "Parque de la Montaña" hacia el Templo



estoy en el Parque de la Montaña, pero no sé dónde exactamente


No se aprecia como debería, pero desde aquí, "Montaña de Príncipe Pío" en el Parque de la Montaña o ya no sé qué: este excelente mirador. Dicen, uno de los mejores de Madrid


Templo de Debod. Templo egipcio del siglo II a.d.C. instalado en el Parque del Cuartel de la Montaña. Templo donado a España por el gobierno egipcio para evitar que quedara inundado tras la construcción de la gran presa de Asuán. Fue transportado, reconstruido piedra a piedra y abierto al público en  su actual ubicación en 1972. 
fuck






Centro Comercial Príncipe Pío. Tardé en llegar, pero llegué.


Puerta de San Vicente en la Glorieta de San Vicente. Ocupa desde 1995 el espacio en el que entre 1775 y 1892 estuvo la puerta original, obra del arquitecto Francesco Sabatini.


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