Hoy salía el tren de Barcelona a Madrid. Salía 13:25 Y ya tenía pautado ir en taxi hasta la terminal así que me puse el despertador y bien tempranito ya estaba arriba. Al revés de ayer que llegué sobre el pucho y ya iba quedando poca comida y menos ganas de reponer, hoy éramos 4 gatos locos madrugadores. Todo bastante completito aunque la verdad este hotel tiene un desayuno bastante pedorro. Los argentinos desayunamos pedórramente así que es lo mismo, pero igual... cuando el desayuno del hotel viene incluido, trato de llenarme la panza lo más que puedo para después tirar más horas. Turista rata, pero turista al fin. Turista en crisis.
Cerrar las valijas fue un suplicio. Yo siento y creo no compré nada. Vengo muy bien con mi presupuesto... qué sé yo. Le endilgo la culpa a la ropa de "caridad" que me traje de Cambridge... o no sé. Tampoco me esmeré haciendo la valija. ¡con lo que me gusta sacar todo y volver a ubicarlo! Posta, me encanta! Y empecé bien, pero ya dije, me vence el cansancio y a la noche el sueño así que a lo último y viendo que quedaba tanto por meter, metí todo "a la que te criaste". Me llevó más tiempo del que creí, pero lo logré.
La idea era al menos hacer un par de cuadras para un lado que jamás había ido. Tampoco podía irme muy lejos.
Habré hecho dos cuadras y desistí de seguir. Borrachos, indigentes... tristísimo. El edificio de una antigua Iglesia o algo así, era el comedor de la congregación de monjas de la madre Teresa de Calcuta. Me Di cuenta cuando vi tanta gente en condiciones deplorables, entre la basura... y cerca de esa monjita vestida así como "Tere".
Preferí volver a mi antiguo camino y por qué no, despedirme de Barcelona en el mismo lugar donde me dio la bienvenida: el puerto, pero sin olor a pescado.
Banco vacío a la sombra y ahí, entre palmeras, yates y gente que paseaba, le pregunté a Barcelona: ¿por qué hoy que ya me voy te despejas? ¿me lo haces a propósito para que no sólo me enoje sino que también me muera de calor yendo a la estación? ¿por qué me haces esto a mí otra vez? Yo que quería tanto conocerte, había escuchado sólo cosas lindas de vos...
No hubo respuesta, por supuesto, así que disfruté el aire fresco cuando pasaba y me fui.
Quise hacer todo con calma pero cuando estaba esperando el ascensor se me aparece una chica de limpieza para avisarme que mi taxi estaba abajo hacía 10 minutos. Me alteró un poco porque está bien que habíamos quedado que era lo ideal llamar 12 menos diez a un taxi, pero yo no había entendido que lo debía hacer! No fue nada... sólo me empecé a calentar un poquito cuando vi que subía al auto y ya el medidor marcaba casi lo mismo que me costó de la terminal al hotel! Hijos de pppp! Me cobraron espera!
Respiré profundo, disfruté el aire acondicionado del auto y la buena predisposición del tachero y pedí a todos los dioses el viaje no sea tan largo.
No lo fue. Tampoco fue excesiva la tarifa. Hubiese pagado mucho menos, cierto... pero ya estaba.
Estación muy grande y bastante diferente a la terminal donde llegó el micro desde Carcassonne.
Cafecito, agua fresca y atrás dejaba Barcelona.
Agitada, llena de gente, argentinos miles, italianos a rolete, alemanes, rusos, búlgaros o cualquiera de esos con idiomas cacofónicos. Llena de Gaudí, Picasso, Miró... Llena de modernismo, art nouveau... de negros manteros, chinas masajeadoras, mossos d'Esquadra... de "lazos" amarillos, de carteles por la libertad de los presos políticos, llena de banderas de España... de Cataluña. Llena de balcones y "carrers" .
El tren AVE y/o RENFE, más allá del poquísimo lugar que disponía para las tremendas valijotas de todos, era una belleza. Limpio, moderno. Pasaron película y todo. Lástima que jamás pude reclinar el asiento así que fui un tanto incómoda como para dormitar. No importaba porque más allá de la parada en Zaragoza, el viaje ininterrumpido de dos horas y media estuvo plagado de bellos paisajes campestres.
Con bastante calor y agotamiento físico y mental (la piel no miente y el "brote" en el cuello, mámele marca registrada, tampoco) llegué al hotel de Madrid. En la caótica gran vía, el hotel que es parte de un edificio lleno de otras cosas (me recuerda al hotel de Roma del año pasado) pero con una pequeña habitación hecha nueva, muy agradable y con todo lo necesario: cama, baño, aire, mini bar y pava eléctrica 😉.
Volví a Madrid para terminar de ver todo eso que no vi en mis primeros días y quién te dice, aunque ya me cuesta porque la crisis del dólar ha repercutido en mis finanzas y en mi ánimo, quién te dice, quizá me anime a gastar y darme los gustos. Total, así esté a 50 el euro, cuando llegue a casa y compre mis porquerías para la vida de todos los días, me voy a arrepentir de no haber comprado más acá.














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